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Derecho a la intimidad y “ráting”

Octubre 13, 2016
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Es oportuno destacar el deslinde que hay entre la libertad de prensa, el derecho y el deber de informar y el derecho inviolable, individual, de conservar la vida íntima. Este último es un bien invalorable que si se pierde por el ansia torpe y anti-ética del periodista venal, jamás se recupera. El rango público de la persona no puede estar sobre la máxima categoría de aquélla como tal y como miembro de una sociedad que se considera civilizada.

Todos, cualquiera sea su condición, tienen idéntico derecho a su vida privada, a disfrutar y compartir su intimidad, sin injerencias y menos aún, de una prensa impropiamente ávida por lo indebido, como es el asedio impertinente y violatorio de la pertenencia más profunda y reservada del ser. Toda intromisión de la prensa es un ataque a la integridad física y mental, al honor y la reputación, incluyendo a la familia. Es una divulgación innecesaria para el interés público; la importancia de lo propalado no es transcendente en términos sociales, menos humanos, aunque no se puede dejar de reconocer la debilidad de la gente ignara hacia este tipo de noticias que instintivamente provocan la atención, lo cual es inmoralmente explotado por la prensa sensacionalista, con evidente propósito de lucro.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos dispone que “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques” (Art. 12); el Pacto sobre los Derechos Civiles y Políticos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estipula que, “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra y reputación...”. (Art. 17).

Nos referimos a estas normas de Derecho Positivo para expresar que el periodista está obligado moral y legalmente a respetar la intimidad de las personas. Mas, antes que a la ley, es su deber acondicionar el ejercicio profesional a la ética, cuyo mandato moral, por no ser coercitivo como el de la ley, es superior y anterior a toda norma del Estado.

El hostigamiento de la prensa en busca de la noticia banal debe cesar, toda persona tiene derecho a la intimidad el cual es quebrado en pedazos por la angurria de una prensa sensacionalista que avergüenza.

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