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Día del Periodista: deber y derecho

Septiembre 28, 2016
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Es importante reflexionar sobre el significado del Día del Periodista. No es una ocasión más para jolgorios, sino para pensar que hay un deber que cumplir. El periodismo fue reconocido como profesión mediante la Ley No. 15630, del 28 de setiembre de 1965. Esta categoría obliga a ejercerlo con respeto y honestidad, tanto en aras de la misma prensa como de la sociedad a la cual se sirve.

El periodismo es una profesión muy especial, el periodista asume un compromiso mucho más extenso porque su trabajo transciende espacios. Su palabra se despliega sin fronteras y el bien o el mal que haga repercuten como una onda expansiva. El destinatario de los contenidos de la prensa no es únicamente un ser individual, sino una heterogeneidad de personas, de toda edad, condición social y nivel cultural, cuya capacidad para comprender, seleccionar, elegir y asimilar es casi imposible de saber. Esto obliga a considerar la profesión periodística como un hacer convencional y metódico. De máxima calidad y buen sentido, un hacer superior –semejante al magisterio-, y con objetivos específicos dentro de la  multiplicidad de temas de que se ocupe.

Es una labor que exige  vocación, sacrificio y libertad competente, limpia de obstáculos, así como propósito cierto e irrevocable de contribuir al bien común, como derecho que corresponde a todos.

Vemos con pesar que un sector de la prensa, en la cual la noticia más destaca es la tragedia, el drama, la violencia, la desdicha. Y el personaje principal, la muerte, la intimidad, el secreto más recóndito y de toda estofa, exhibido con desfachatez. No hay respeto ante la desgracia: falta prudencia frente a lo insólito y se asfixia la autoestima con prebendas que deshonran. Esto sucede con la televisión, que causa repulsa. Lo que no se puede consentir es la impudicia con lo que algunos conductores y/o productores se atribuyen la condición de periodistas. Toda persona, tiene derecho “A las libertades de información, opinión, expresión y difusión del pensamiento mediante la palabra oral o escrita o la imagen, por cualquier medio de comunicación social, sin previa autorización ni censura ni impedimento alguno bajo las responsabilidades de ley”. Esta facultad reconocida por la ley de leyes (Art. 2, inc. 4) no es una autorización para desarropar a la prensa cuya historia y tradición la hacen acreedora a justo miramiento.

La libertad de expresión es la base segura para el sostén de las demás libertades y derechos del hombre. Hay que defenderla más que como un bien, como un valor. Pero a la vez hay que honrarla, enaltecerla y hacerla merecedora de la confianza y respeto del público. El tributo que se le debe al periodismo ha de comenzar por los mismos protagonistas, por quienes tenemos la opción de emplear la voz y la palabra a través de los medios.

Hagamos votos por esta profesión que tanto amamos y de la cual depende en grado sumo el bienestar de la sociedad y el porvenir de la patria recuperen su prestigio que algunos sectores de ella se empecinan en opacar, en sumergirse en la ciénaga.

Seamos capaces –y suficientemente humildes- para alimentar una sana conciencia crítica ante el desorden moral de la prensa descarriada que transita por rutas del sensacionalismo. Urge robustecer los criterios sobre la libertad y la veracidad para retornar al periodismo ético.

Los deberes no son una invención humana. Son innatos e inseparables del ser que razona. La misión del periodista es su aporte a favor de la solidaridad, el entendimiento, el hallazgo de soluciones coincidentes que conduzcan hacia el bien.

 

 

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