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PRENSA, TV Y BIEN COMÚN

Julio 21, 2016
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Siempre y en todo hay excepciones honrosas. Es el caso de la prensa peruana en la cual, como en otras partes del mundo, existe una innegable crisis. Una mutación peligrosa que se extiende sobre ella; una notoria tendencia comercial la amenaza.

Los espacios se venden a quien paga más, restándole importancia a la calidad y a las consecuencias de los contenidos. Irresponsablemente se le da al público ¿Qué clase de público? –lo que le gusta-. En la prensa hay depredadores de lo que podríamos llamar “ecología social”.

Es una lamentable realidad que en muchos casos abochorna y avergüenza. No se debe solamente a periodistas que descuidan su sentido del deber profesional. Tampoco a quienes usurpan sin recato la condición de periodista; ni a los que deshonestamente se llaman o se hacen llamar “comunicadores sociales”, porque con audacia y estolidez están en el micrófono o frente a las cámaras de televisión.

La crisis de la prensa deviene también por la actitud de empresarios que suponen que su dinero o la capacidad de financiamiento que tienen es suficiente para manejar a su antojo un medio de comunicación social que utilizan como un negocio más y no como instrumento de servicio, de cultura, de información veraz ofrecida en forma sensata; de orientación honesta y de entretenimiento decente, sin ordinariez ni recursos ramplones.

Como en toda empresa, las dedicadas a la prensa –cualquiera sea su forma o medio empleado- tienen derecho de obtener ganancias.

El lucro justo y decorosamente obtenido es lícito. Pero es inmoral explotar mercantilmente la desgracia ajena, la vida privada como noticia y la muerte como personaje de primer orden, salvo casos realmente excepcionales.

Asimismo, es indigno asumir una línea o aceptarla sumisamente para ocultar información u ofrecer informaciones impuestas, cuya veracidad no consta ni puede ser debidamente comprobada, pero conviene a intereses políticos o económicos de poder. O difundir programas “negociados” que desnaturalizan la finalidad de la prensa y del medio de comunicación al servicio de la sociedad como ocurre con la propaganda política camuflada descaradamente en espacios noticiosos.

Se ha llegado al extremo, a nivel mundial, que no parece errado afirmar que estamos bajo el imperio de la imagen en su sentido cabal de ícono, en la que la televisión acapara preferencias y persuade aún sobre lo más insólito, absurdo, disparatado e irreal. ¡Cuánta falsedad ingresa así al conocimiento humano por la puerta falsa…! Se ha ampliado el viejo principio periodístico de que “una foto vale más que mil palabras”. Hoy es lo que se ve y escucha en la televisión, con el agravante de ser mensajes subliminales. Nos referimos tanto a lo periodístico propiamente dicho, como al degenerado entretenimiento producido sobre la base carcomida de sodomitas, golfas, granujas y aventureros ladinos.

Hay algunos periodistas y medios de comunicación social que imprudentemente se apartan de sus deberes éticos.

Se vivió en la época del fujimontesinismo cuando se hipotecó la pluma para convertirse en áulicos servidores del autoritarismo, de la prepotencia, de la fuerza obsesiva e irrazonable del poder. Son cautivos los periodistas y los medios de comunicación social que abdican ante bienes cortesanos pasajeros, en vez de ser fieles al fin superior de la prensa: Servir a la sociedad, al ser humano y a la patria, tan necesitada de una defensa cabal, compacta, honesta, sin concesiones, sin desmedro de la soberanía ni ocultamiento informativo.

 

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