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Tributo a Valdelomar

Noviembre 04, 2016
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La principal motivación que me estimula a escribir este texto está relacionada con mi grata experiencia lectora durante mi infancia escolar sanjosefina, a finales de los ochenta. Cuentos como “El caballero Carmelo” y “El vuelo de los Cóndores” leídos en la primaria, me permitieron conocer literariamente al escritor iqueño Abraham Valdelomar  Pinto, quien falleció un 03 de noviembre de 1919 en Ayacucho;  deceso que no solo me entristece como ser humano, sino que me invita a rendirle este modesto tributo a través de la palabra a un grande de las letras peruanas. En 1913, Lima vio nacer al Palais Concert célebre café-cine-bar ubicado en la esquina del Jr. de la Unión y de la Av. Emancipación en pleno cercado de la capital. El Palais fue importante por reunir a la sociedad intelectual limeña de aquella época, representada en la persona del escritor Abraham Valdelomar (1888-1919) a quien se le adjudicaría la creación de la frase que formaría parte de la tradición oral limeña, aunque no exista una fuente escrita que señale que él la pronunciase: "El Perú es Lima, Lima es el Jirón de la Unión, el Jirón de la Unión es el Palais Concert y el Palais Concert soy yo".

Publicado el 13 de noviembre de 1913 en el diario “La Nación” de Lima y considerado por la crítica uno de los cuentos más perfectos de la literatura peruana, “El caballero Carmelo”, nos narra la historia de un viejo gallo de pelea llamado “el Carmelo”, que debe enfrentar a otro más joven, “el Ajiseco”. El Carmelo, sacando fuerzas de flaqueza, gana, pero queda gravemente herido y poco después muere, ante la consternación de sus dueños. Asimismo, la vida familiar en el hogar del protagonista-narrador (incluida las peripecias del gallo «Pelado») y la vida de los pescadores de la aldea San Andrés, cercana a Pisco, forman parte de los temas secundarios del cuento con el que “El Conde de Lemos” ganó un concurso literario convocado por el diario “La Nación” de Lima, ocultándose bajo el seudónimo de «Paracas». Desde un punto de vista ideológico, la pelea del Carmelo y el Ajiseco puede interpretarse como un símbolo de la lucha entre dos prototipos de personalidades: el Carmelo representa la nobleza (es de buena estirpe), la caballerosidad (no usa malas tretas y se limita a atacar con sus patas armadas) y la autenticidad (no presume lo que no es), mientras que el Ajiseco representa la villanía (no parecía ser de alcurnia), la vileza (trata de imponerse a aletazos y picotazos) y la vanidad (era presuntuoso).

Por otro lado, “El vuelo de los cóndores” es otro de los magistrales cuentos de Valdelomar, publicado en junio  1914 en el diario limeño “La Opinión Nacional”, que forma parte del grupo de los llamados “cuentos criollos”. El  autor narra una experiencia inolvidable que tuvo siendo niño: su encuentro con el mundo del circo y su amor platónico por una hermosa niña (Miss Orquídea) que actuaba de trapecista en dicho circo. Algunos ven en el relato una denuncia contra el abuso de los mayores hacia los menores de edad, tal es el caso de la niña trapecista obligada por sus promotores a repetir una peligrosa acrobacia, y cómo un alma pura e inocente como la del niño Abraham descubre entonces en todo su magnitud la maldad humana. Finalmente, el mejor tributo que puede recibir un escritor es la lectura de su producción literaria, por ello, resulta fundamental que la escuela peruana promueva la lectura de las obras que forman parte del canon literario nacional, en el que sin duda, Valdelomar es uno de los abanderados. 

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