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Déjà vu

Junio 01, 2016
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En francés ‘ya visto antes’, Déjà vu es un tipo de amnesia del reconocimiento de alguna experiencia que sentimos que ya hemos vivido previamente.

Este término fue acuñado por el investigador psíquico francés Émile Boirac (1851-1917) en su libro L'Avenir des sciences psychiques (El futuro de las ciencias psíquicas). Es el fenómeno de tener la fuerte sensación de que un evento o experiencia que se vive en la actualidad se ha experimentado en el pasado.

Creo y estoy seguro, que de darse el 5 de junio lo que no queremos que se dé, en los próximos meses podríamos revivir a la fuerza las experiencias del pasado; revivir incluso, quizá, algunas no experimentadas.

En los últimos días releí algunos libros cuyos autores han investigado a profundidad las situaciones que se dieron antes y durante la década de los noventa y de la que, como peruanos, de alguna u otra forma fuimos obligados actores. Y no encuentro explicación del porqué muchos aún no entienden lo que en esa época se vivió para mal del Perú. Sospecho que sí las entienden pero algún mal genético los está convirtiendo en una especie de seguidores del sadomasoquismo.

No es odiar repetir hasta el cansancio todas las maldades que el fujimorismo hizo contra nuestro país y todos los peruanos. Es decir la verdad. Y decirla para que nunca más se vuelva a repetir.

No es –como lo estuvimos- estar en su momento a favor de Mario Vargas Llosa, que vio cómo el Apra y algunos sectores de la izquierda se unían para llevar a la presidencia a un don nadie, que tiempo después les dio la espalda y tras el golpe de estado los persiguió para deshacerse de ellos.

Sí es estar contra la corrupción que toda la familia Fujimori demostró antes del golpe, denunciada por Susana Higuchi, esposa del presidente Alberto Fujimori y madre de la actual candidata presidencial. En el 2000, tras la renuncia por fax de Fujimori, esa sarta de familiares corruptos de Keiko fugó del Perú hacia Japón y allí se quedó. Aun así, Keiko fue la primera dama.

Sí es estar contra la desaparición de 6 mil millones de soles de las arcas del Estado, según lo determina el Balance General del gobierno de Fujimori. Y, con estos antecedentes, de un nuevo gran saqueo de los bolsillos de todos los peruanos; nunca visto desde la época de los piratas.

Sí es estar contra los asesinatos del Grupo Colina a un profesor y estudiantes de La Cantuta y pobladores de Barrios Altos; amén de muchos inocentes peruanos, civiles y militares de una guerra no declarada de la que se aprovecharon quienes dirigían el Estado.

Sí es estar contra la ola de robos, asaltos, secuestros y muertes, que devinieron y podrían devenir en cuanto se autorice a los militares tomar las calles, como en las llamadas zonas de emergencia de nuestra aún marginada serranía y ceja de selva.

Sí es estar contra las mentiras de los fujimoristas que dicen que Alberto “eliminó”, el terrorismo; cuando todo el mundo sabe que fue un grupo especial de investigación de la Policía, que en base a constantes pesquisas dio con el paradero del líder de Sendero Luminoso y de sus seguidores.

Sí es estar contra la drogadicción y el crimen organizado, desde los minicomercializadores hasta las grandes empresas de lavado de dinero, regentadas por elementos que hacen daño a la niñez y juventud; y, peor, con la complacencia de un narcoestado, congresistas incluidos.

Sí es estar contra las esterilizaciones, sin su consentimiento, de miles de campesinas de nuestro país.

Sí es estar contra el copamiento de instituciones como el Poder Judicial, el Ministerio Público, la Contraloría General de la República, el Ministerio de Economía y Finanzas, los organismos que tienen que ver con el buen desenvolvimiento democrático como el Jurado Nacional de Elecciones y la Oficina Nacional de Procesos Electorales; y de todos los organismos descentralizados del aparato estatal.

Sí es estar contra todo tipo de dictadura y de re-re-reelección que permitió a Fujimori y sus secuaces quedarse en el poder durante diez años y, de haber sido posible –como lo declaró un ministro del régimen- permanecer 30 años más, mismas conocidas dictaduras latinoamericanas que terminaron con el asesinato de un sinnúmero de ciudadanos.

Sí es estar contra la manipulación de los medios de comunicación que, por su propia naturaleza, deben estar desligados del poder político y que sin embargo fueron los centros de rebote de todas las “bondades” de un gobierno que seguía manteniendo en la ignorancia al pueblo mientras en los corrillos la noticia real iba de boca en boca. Los últimos acontecimientos provocados por los fujimoristas antes, en el debate y horas después, con la manipulación de textos, audios y mentiras, así lo demuestran.

Sí es estar contra la mala utilización de nuestros recursos ecológicos y mineros y de empresas que sin misericordia explotan los mismos.

Sí es estar contra el populismo o clientelismo político, al que miles de personas siguen por su deseo de recibir prebendas que van desde alimentos a ropa y artefactos y a quienes se busca extinguir colectivamente su memoria.

Sí es estar contra el mal manejo de la política peruana y de la mala actuación de quienes se dedicaron a ella en los últimos años, incluida Keiko Fujimori, que faltó 500 sesiones al Congreso y tomó 223 días de licencia por viajes al extranjero; aparte de las denuncias del pago de su educación en el exterior.

No sabemos qué pasará en las próximas horas. Sí sabemos que si Keiko gana, esto y mucho más será un Déjà vu.

E 8 de agosto de 1990, Juan Carlos Hurtado Miller, primer ministro de Economía de Fujimori (en 1998 recibió 334 mil dólares de Montesinos y por eso pasó a la clandestinidad durante diez años) empezó la primera gran mentira pública del gobierno fujimorista. Dijo que no se aplicaría el shock económico que proponía Vargas Llosa y lo aplicó. Se llamó fujishock. Entonces, Hurtado terminó su mensaje diciendo: “¡Que Dios nos ayude!” Con estas mismas palabras terminamos.

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