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¡No, señor presidente!

Junio 27, 2017
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Escribe: Larcery Díaz Suárez

Periodista. Docente universitario

larcery@hotmail.com

¡No lo indulte, señor presidente! ¡Se lo ordeno, señor presidente!

Ud. se preguntará: ¿Y quién diablos es este para darme órdenes?

No soy líder de una agrupación política que quiere hacerle la vida imposible –y se la está haciendo no solo a su gobierno sino a todo nuestro país y trata por todos los medios, con chantajes y órdenes incluidas, que la gobernabilidad se vaya al diablo--.

Soy un simple ciudadano, que como millones de ciudadanos votaron por Ud., señor presidente, para que en nombre nuestro prevaleciera un estado de derecho, con las libertades que todos nos merecemos; para que hiciera cumplir la ley, pese a quien le pese, señor presidente. Porque, al fin de cuentas, la mayoría de los peruanos mandamos que Ud., señor presidente, sea eso: el mandatario de la nación y no otro ni otra.

Y no queremos llegar a arrepentirnos de haberlo elegido; sobre todo si en algún momento a Ud., señor presidente, se le ocurriera darle el indulto no solo a quien destrozó social, política y económicamente a nuestro país, sino para favorecer a quien lo está tratando de lanzar al abismo y Ud. no se está dando cuenta o no quiere dársela, señor presidente.

Y para que Ud. vea que no es un capricho de este escriba, señor presidente, es que en esta columna y do quiera que vaya, he dicho claramente por qué no se debe dar tamaño beneficio al susodicho presidiario, condenado a 25 años por ladrón y criminal, señor presidente.

Porque, señor presidente, hay 247 pruebas, determinadas por la Sala Penal Especial de la Corte Suprema de Justicia de la República, por las que se sentenció a Fujimori, entre las que destacan los crímenes de Estado que se cometieron en ese gobierno, tales como los de Barrios Altos y La Cantuta, entre otros. Y ello, con el asesoramiento de Vladimiro Montesinos e incluso el apoyo de su secuaz, el general EP Nicolás Hermoza Ríos, jefe de las Fuerzas Armadas; y porque en algún momento dio amnistía a quienes, actuando bajo sus órdenes, mataron a inocentes.

Sí, señor presidente. Está probado que todo este conjunto sistemático de actividades que involucraron a los sectores más sensibles del Estado y poderes públicos fue autorizado, dirigido y controlado por el hoy sentenciado Fujimori.

Esto es lo que el fujimorismo pretende olvidar. Esto es, señor presidente, lo que la hija del criminal y ladrón pretende que olvidemos.

Y, sino, vayamos a parte de la historia que nos cuenta las intrigas del clan que buscó volver al poder en el Perú y que cree tenerlo ahora con su mayoría de congresistas fujimoristas y, a veces con la ayuda de los 4 apristas, buscando desde el Parlamento desestabilizar la gobernabilidad, señor presidente.

Esta historia habla sobre quién pagó los estudios de Keiko, las torturas a Susana Higuchi, los tíos prófugos, los negocios de Hiro o las cuestionadas finanzas de Mark, el esposo de Keiko; la del cuestionado Joaquín Ramírez exsecretario general de Fuerza Popular y de parlamentarios envueltos en lavado de dinero; asuntos harto conocidos por los peruanos.

Además, habla de los grandes casos de corrupción sobre los allegados de Fujimori, como Augusto Miyagusuku, presidente de la compañía de seguros Popular y Porvenir. A pesar de descubrirse su mal manejo, nunca fue supervisado ni investigado por la Contraloría hasta que en octubre del 2000, caído Fujimori, este personaje voló a Japón.

Pero allí no queda la cosa en la corrupción de Fujimori, señor presidente. Tras difundirse el primer vladivideo, en setiembre del 2000, Fujimori pidió ampliar el presupuesto del Ministerio de Defensa en 52 millones para un supuesto Plan Soberanía, que nunca existió. Eran para pagar a Montesinos 15 millones de dólares como Compensación por Tiempo de Servicios (CTS). Fujimori intentó devolver de su propio bolsillo y con una denominación distinta los 15 millones de dólares al tesoro público. ¿De su propio bolsillo? ¿De dónde?

La Caja de Pensiones Militar y Policial también cayó en la trampa de Fujimori. Tenía activos por 125 millones de dólares, que fueron desfalcados. La compra de armamentos inútiles por millones de dólares, también fue otro millonario acto de corrupción que se pretende olvidar. Nuevos aviones y helicópteros de guerra, inservibles, y hasta cazas Mig, fueron comprados por una ganga pero valorizados en cifras escandalosas y en algunos casos de manera secreta, utilizándose fondos de la privatización, en un acto de corrupción en el que participaron Montesinos, los mandos militares y Fujimori, que está demostrado conocía de estos hechos.

Pero todo este proceso de corrupción y mal manejo de los dineros del Estado, señor presidente, comenzó apenas asumió Fujimori su gobierno. Desde 1990 se privatizaron 220 empresas estatales por 11 mil millones de dólares. Se ha comprobado que este dinero se gastó en la capitalización de fondos previsionales; en numerosos programas sociales pro clientelismo y en compras cuestionadas, que originaron grandes sobornos.

Esto, solo por mentar algunos de los más importantes casos de corrupción de Fujimori. Otros muchos más, como la reducción de tributos o el control de la prensa, felizmente quedaron grabados en los vladivideos y descubrieron parte de esta gran red de corrupción de Fujimori y sus secuaces.

Lo bueno, señor presidente, es que todo lo que el fujimorismo pretende olvidar, está probado por la justicia, en algún momento acallada, pero que el tiempo y la historia nos lo recuerdan para que no vuelva a suceder. El tiempo y la historia, señor presidente, que ahora tampoco Ud. debe olvidar.

Por último, no debe olvidar, señor presidente, que para firmar el indulto se tendría que cambiar la norma de la Corte Interamericana de DDHH, que prohíbe expresamente amnistías, prescripciones e indultos en casos de derechos humanos; es decir, en procesos por los que Fujimori fue condenado, señor presidente.  

Así, que, señor presidente, no le haga caso a la jefa de esa banda de ganapanes, como bien ha sido definida, que en último caso lo que quieren no es el indulto, sino traerse abajo a su gobierno, señor presidente.

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