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Premio al intelecto lambayecano

Junio 20, 2017
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Escribe: Larcery Díaz Suárez

Periodista. Docente universitario

larcery@hotmail.com

La Casa Comunal de la Juventud va a cumplir 50 años, desde que su fundador, Guillermo Baca Aguinaga la creara con ideas traídas de Alemania; y, siendo diputado de la República las plasmara en la Ley 16736 del 27 de noviembre de 1967. No obstante, la idea primigenia de Baca Aguinaga quedó trunca en 1968, con la asunción del gobierno militar. Pero se retomó en 1985, cuando la hizo realidad desde la Municipalidad Provincial de Chiclayo, que presidió.

Desde entonces, en toda la manzana que hoy ocupa, sus instalaciones han servido para que niños, jóvenes y adultos, mantengan siempre rejuvenecidos el cuerpo y el espíritu, en base a deportes y a la continua realización de eventos educativos y culturales significativos.

Además, conserva colecciones y reliquias que forman parte de la historia de ilustres personajes e instituciones lambayecanas. La vida y obra de Baca Aguinaga, de por sí, ya es un reconocido legado para las próximas generaciones.

Particularmente guardo especial recuerdo de Guillermo Baca Aguinaga, mi profesor en la desaparecida Universidad Nacional de Lambayeque (hoy Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo).

Estudiábamos en la Facultad de Educación, en la quinta cuadra de la avenida Balta, en Chiclayo. Por una de sus clases en la que fallamos la entrega de un trabajo, tuvimos que acudir a su domicilio, a solo un par de cuadras de la misma avenida, una antigua casona en la sétima de Balta, a pocos pasos del parque principal de Chiclayo, que años después sería demolida y donde hoy se levanta un moderno edificio de una entidad bancaria.

Me impresionó la majestuosidad de la casona. Permanecía entreabierta una pequeña puerta, que formaba parte de un gran portón. Me acompañaba un condiscípulo, pero me atreví ingresar pues nadie respondía los constantes golpes de los aldabones con los que llamábamos a los silenciosos habitantes del lugar.

Dentro, otras grandes puertas y ventanas cerradas. Anduvimos todo el patio, hasta el final, donde unas escaleras llevaban al segundo piso. Y siempre el silencio respondía nuestros llamados. Me atreví subir. Caminé por uno de los balcones que daban al patio interior. Una suave música resonaba en mis oídos. En uno de los salones, la puerta permanecía abierta. Lo que vi y escuché rompieron todos mis esquemas de estudiante universitario: la habitación hubiera parecido vacía, sino fuera porque al fondo se veían dos grandes parlantes y una consola de sonido. En medio del salón dos sillones. En uno, sentado y mirando hacia el fondo, nuestro profesor totalmente concentrado en esa bella música instrumental. Solo nos atrevimos a interrumpirlo cuando terminó la melodía.

Ahora no recuerdo si fue Mozart, Chopin, Bach, Chaikovski, Beethoven o Wagner. Creo que fue Richard Wagner, de cuya música era amante y de quien donó a la Casa Comunal unas maravillosas piezas de su colección y creó una sala especial para rendir homenaje al compositor, director de orquesta, poeta y dramaturgo alemán.

Sí me quedó claro que esa impresión primera motivó mi admiración y pasión por la buena música, instrumental y clásica.

Tiempo después le contaría esta anécdota al doctor Guillermo Baca. Él me recordaría que a sus clases universitarias yo acudía con mi grabadora de carrete. Y es que, de cada uno de mis docentes registraba sus tan maravillosos decires y sus didácticas en clase y me solazaba después con volverlos a escuchar. Tal vez parte de esto utilizo ahora como docente universitario.

A la muerte del doctor Baca Aguinaga, uno de sus condiscípulos, Guillermo Pérez Sialer, ha asumido la administración de la Casa Comunal de la Juventud. Y, como buen gestor de la administración pública, sigue los pasos del forjador de esa institución. Y ha llamado de asesor cultural a un digno representante de la educación y cultura lambayecanas, el profesor Antonio Serrepe Ascencio, a quien se le ha encargado dirigir el Ateneo Cultural.

Precisamente desde el Ateneo se ha instituido un “Premio al Intelecto Lambayecano”,  para enaltecer a los ciudadanos que simbolizan el arte, las letras y las ciencias en nuestra región y así tributarles homenaje en vida. Y también para perennizar aún más el legado de Baca Aguinaga.

Según el diccionario de la Real Academia Española –al que nos dirigimos quienes solemos escudriñar a fondo una palabra--, intelecto significa: “entendimiento, potencia cognoscitiva racional del alma humana”. En buen romance, todos y cada uno contamos con intelecto, pero que hay que saberlo potenciar, darle fortaleza y emplearlo en el desarrollo espiritual de los demás. Tal cual los talentos de una parábola de Jesús que menciona la Biblia.

Y este reconocimiento se instituye para recordarnos que en Chiclayo hace ya mucho tiempo hubo instituciones como la Sociedades Obreros Primero de Mayo, Amantes de las Artes, Obreros de la Unión, Club Unión y Patriotismo,  Círculo Departamental de Empleados, clubes rotarios y de leones, entre otras muchas, que reconocían el talento de sus intelectuales y le rendían tributo a sus producciones. Hasta la misma municipalidad provincial se preocupaba de sus vates y artistas. Ahora pocos se interesan por la cultura y menos por reconocer a sus representantes. Por ello, saludo la iniciativa.

Como escriba de la columna “Cuestión de Díaz” en el semanario El Fiscal –además de dirigir el portal web www.miraporellos.com--  he sido el primero en recibir el "Premio al Intelecto Lambayecano" (Diploma y Medalla de Congratulación), como “Periodista esclarecido y por su amplia presencia en la cultura regional”. Similar distinción ha recaído en la persona del escritor y promotor cultural Nicolás Hidrogo Navarro.

Tras recibir este reconocimiento, mi admiración por Guillermo Baca Aguinaga, se profundiza. Espero que los próximos en recibirlo, mantengan la talla que siempre buscó en sus discípulos el eximio educador e ilustre político lambayecano; y que, para bien de nuestra región, resurja ese apego a la erudición de la que hacían gala nuestros antiguos periodistas, artistas, intelectuales en general.

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