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¿PPK le regalará la elección a Fujimori como Vargas Llosa?

Mayo 11, 2016
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No sería raro que la cabeza de “Peruanos Por el Kambio” haga lo mismo que el líder del Fredemo cuando le ofreció personalmente al aún candidato Alberto Fujimori la Presidencia del Perú.

Ponte el Alma, PPK, es el titular de una excelente y punzante columna del politólogo Alberto Vergara, publicada el pasado 25 de abril del presente año en diario El Comercio donde le exigía al candidato de “Peruanos Por el Kambio” que ponga alma, corazón y vida en la campaña electoral si pretende evitar el regreso de la dictadura Fujimorista y, sobre todo, asumir el honor de ser Presidente del Perú.

Cualquiera en su sano juicio diría, ¿quién no quiere ser el Presidente de un país estando tan cerca de obtenerlo? Bueno, al parecer Pedro Pablo Kuczynski (PPK). Y es que si desde el pasado 25 de abril se escribían columnas pidiéndole a un candidato que muestre verdaderos gestos de querer ser el heredero del “Sillón de Pizarro”, pasado 15 días la situación pareciera ser la misma.

El hecho de que al parecer PPK haya desistido a última hora de querer ser Presidente no sería tan descabellado. Recordemos que en las elecciones de 1990, Mario Vargas Llosa le ofreció en bandeja a Alberto Fujimori la Presidencia del Perú, tras pasar a la segunda vuelta.

Vargas Llosa relató en su libro “El pez en el agua” que tras obtener un 40% en primera vuelta frente a un 25% de Fujimori, no le emocionó mucho pensar que iba a ganar la contienda definitiva y pidió una reunión secreta con su rival. En ella le ofreció renunciar a la Presidencia a cambio de que le asegurara aplicar las medidas que permitiesen salir de la crisis económica que había dejado Alan García y compañía. Esto dijo:

“Yo estaba ya pensando ofrecerle a mi rival era algo más apetitoso que unas carteras ministeriales: la banda presidencial. A cambio de algunos puntos claves de nuestro programa económico y de unos equipos capaces de llevarlo a la práctica. Mi temor, desde ese instante, fue que, a través de interpósita persona, Alan García y el APRA siguieran gobernando el Perú y el desastre de los últimos cinco años continuara, hasta la delicuescencia de la sociedad peruana… Le dije que quería compartir con él mi interpretación del resultado de la primera vuelta. Dos tercios de los peruanos habían votado por el cambio —el «gran cambio» del Frente y el «cambio 90» suyo—, es decir, en contra del continuismo y de las políticas populistas. Si él, para ganar la segunda vuelta, se convertía en un prisionero del APRA y de la izquierda, le haría un enorme daño al país y traicionaría a la mayoría de los electores, que querían algo distinto a lo de estos últimos cinco años. El tercio de votos que yo había recibido era insuficiente para el programa radical de reformas que, a mi juicio, necesitaba el Perú. La mayoría de los peruanos parecían inclinarse por el gradualismo, el consenso, por compromisos hechos a partir de concesiones recíprocas, una política que, a mi entender, era incapaz de acabar con la inflación, reinsertar al Perú en el mundo y reorganizar la sociedad peruana sobre bases modernas. Él parecía más dotado para propiciar ese acuerdo nacional; yo me sentía incapaz de impulsar políticas en las que no creía. Para ser consecuente con el mensaje de los electores, Fujimori debería tratar de apoyarse en todas las fuerzas que de algún modo representaban «el cambio», es decir, las de Cambio90, las del Frente Democrático y las más moderadas de la izquierda. Convenía que le ahorrásemos al Perú la tensión y derroche de energías de una segunda vuelta. Para eso, yo, a la vez que haría pública mi decisión de no participar en ella, exhortaría a quienes me habían apoyado a responder de manera positiva a un llamamiento suyo a colaborar. Esta colaboración era indispensable para que su gobierno no fuera un fracaso y sería posible si él aceptaba algunas ideas básicas de mi propuesta, sobre todo en el campo económico. Había un clima muy tenso, peligroso para la salvaguardia de la democracia, de modo que era indispensable que el nuevo equipo comenzara a trabajar de inmediato, devolviendo al país la confianza luego de tan largo y violento proceso electoral”.  (Mario Vargas Llosa, El pez en el agua, Editorial Seix Barral, 1993).

Tras recordar este pasaje, la mayoría de peruanos aún continúan esperando que PPK reaccione y no se permita la reivindicación de la dictadura. Sin embargo, para lograrlo no se puede seguir con la pésima campaña electoral que está ejerciendo, culpa de los malos asesores políticos que lo acompañan.

Por ejemplo, no se puede estar viajando a otros países para demostrar ser buen padre (lo cual puede ser muy bien para una etapa paternal, pero no en política cuando el tiempo es oro), sobre todo cuando el grueso del electorado está en Perú. Recordemos que el propio Alberto Andrade perdió la alcaldía de Lima contra Luis Castañeda cuando -confiado de su triunfo-, se operó en plena campaña y perdió días valiosos que terminaron costándole la elección.

La política tiene eso, pasión y mucha estrategia, y si no se entiende el hecho de que se está en Perú donde la moral no es tomada mucho en cuenta, se debe agregar discursos que emocionen a la gente. Por ejemplo, hasta ahora no se entiende cómo sus asesores no aconsejan a PPK que rompa esquemas con el tema de seguridad ciudadana. En fin, la cosa no está perdida, sin embargo, ya están advertidos.

 

 

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