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Proyecto Chiclayo Limpio no camina adecuadamente

Diciembre 21, 2016
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Los obreros de limpieza pública son importantes en esta tarea, pero por más esfuerzo que hagan, las cosas seguirán igual, si la gente persiste en ensuciar las calles o el lugar donde se encuentre

Pasan los días, semanas, los meses, años y, hasta el momento el tan ansiado Proyecto Chiclayo Limpio Ahora Sí, no enrumba por la vía adecuada. Durante el último gobierno municipal del encarcelado alcalde provincial de Chiclayo, Roberto Torres Gonzáles, se inició este proyecto financiado por el Gobierno Suizo, que al mismo tiempo por los actos de corrupción e ineptitud-, hartos conocidos por la población-, estuvo a punto de perderse.

Con la llegada del nuevo burgomaestre, David Cornejo Chinguel, se abrigó la esperanza que las cosas iban a cambiar. Se logró paliar la tempestad; sin embargo, las cosas no han mejorado lo suficiente, como para decir que las metas, objetivos y fines, se van a cumplir a cabalidad. Se conoce que las normas o legislación internacional, es más estricta que la peruana en cuanto se refiere a licitaciones para adquirir, en este caso, carros recolectores de basura, pero ello no significa que no se avance lo que se tiene que avanzar, porque afecta la esencia del proyecto en sí.

Aparte de este aspecto, lo más importante radica en cambiar la cultura de la suciedad por la cultura de la limpieza. En ese campo no se ha avanzado casi nada. Todo ser humano merece respeto; así como los profesionales y trabajadores, porque con esfuerzo ganamos el pan nuestro de cada día. Lo que está en tela de juicio es la idoneidad de quienes están al frente del proyecto, porque hasta ahora no dan fuego. Los pobladores siguen arrojando basura a las calles. No se entiende o no se quiere entender que si bien es importante y necesario adquirir carros recolectores de basura (compactadoras), camiones madrina e impulsar lo relacionado al Relleno Sanitario, lo más importante de lo importante, es decir lo fundamental o esencial, es iniciar una agresiva campaña para cambiar el chip de la población, que hasta ahora sigue ensuciando las vías públicas, sin importarles que cada ser humano es protagonista de un cambio positivo.

Los obreros de limpieza pública son importantes en esta tarea, pero por más esfuerzo que hagan, las cosas seguirán igual, si la gente persiste en ensuciar las calles o el lugar donde se encuentre. Toneladas de basura continuarán siendo recogidas todos los días, y las cosas seguirán igual. El cambio no radica en la compra de compactadoras o, en la contratación de más obreros de limpieza pública, el cambio radica cuando los pobladores que viven en la zona y quienes nos visiten, hagan un mea culpa y modifiquen su forma de ser: abandonar la cultura de la suciedad y asuman la cultura de la limpieza. Un objetivo difícil, pero no imposible de asumir.

Apostemos por la limpieza, ahora; mañana es tarde.

 


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